Lee aquí las primeras páginas de «La Biblia del CBD»

Lee aquí las primeras páginas de «La Biblia del CBD»

Os traemos para que leas, las primeras páginas de La biblia del CBD, os contamos primero un poco del libro y su autora.

La biblia del CBD es el libro definitivo sobre el cannabis medicinal. Cómo transformar tu cuerpo y mejorar tu salud con el CBD. En la actualidad hay innumerables estudios sobre los beneficios medicinales del cannabis y cómo permite tratar enfermedades graves cuando la medicación convencional falla. El aceite de CBD se ha vuelto increíblemente popular dentro de las terapias de bienestar y wellness.

La Biblia del CBD

Dani Gordon, autora de ‘La biblia del CBD’

La doctora Dani Gordon es médica de Medicina integral y Medicina general en el Reino Unido. Experta reconocida internacionalmente en CBD, asesora también al ministerio de Salud de Gran Bretaña sobre los usos medicinales del cannabis.

Originaria de Canadá, la Dra. Gordon fue una de los médicos más jóvenes en obtener la certificación de la Junta Estadounidense de Medicina Integrativa (la nueva subespecialidad de médicos de EE.UU). También fundó la Medical Cannabis Clinicians Society en el Reino Unido, de la cual es vicepresidenta, formando a jóvenes especialistas en cannabis medicinal. Ha estudiado Medicina mind-body en Harvard, yoga y meditación en la India y el sudeste asiático, wellness cerebral y entrenamiento neurofeedback con ondas cerebrales con varios expertos en América del Norte. También es cofundadora de ZenBrainLab, un centro de bienestar y neurofeedback en Bali y cofundadora de UltraResilience, una compañía de bienestar especializada en el agotamiento y la resistencia al estrés. La Dra. Dani Gordon también lanzará en los próximos meses su propia marca de suplementos y cosméticos de CBD de alta calidad con una importante empresa estadounidense. Ha aparecido en varios medios, desde la BBC, pasando por el Sunday Times, hasta Metro y Glamour.

Introducción

Bex vino a verme porque sufría ansiedad, se sentía abrumada por las exigencias de su trabajo como ejecutiva publicitaria. Le costaba dormir, había perdido el apetito y notaba una constante agitación en el pecho, de día y de noche. Tras hablar un poco más de sus síntomas, quedó claro que, además de ansiedad, también padecía estrés crónico. Tiempo atrás había practicado yoga, pero, como últimamente la ansiedad había empeorado tanto que estar siquiera cinco minutos meditando al principio de la clase había llegado a ser insoportable, lo había dejado. Su médico le había recetado pastillas, pero Bex tenía miedo de acabar enganchada y acudió a mi consulta en busca de un enfoque más natural. Había oído hablar del cannabis médico, pese a no haber fumado un porro en su vida, por lo que se sentía nerviosa ante la posibilidad de probarlo.

En mi consulta atiendo a montones de pacientes como Bex, conscientes de que algo va mal, pero confusos sobre adónde acudir para solicitar ayuda. Como los médicos suelen ir con prisas, apremiados por el tiempo, es más fácil que receten antidepresivos o somníferos. Sin embargo, cuando estos pacientes investigan las opciones para gestionar sus síntomas de forma natural, se encuentran con un desconcertante mundo de seudociencia e informaciones falsas. Bex había oído que el CBD podía ayudarla, pero no tenía ni idea de cómo enfocar la cuestión; por otra parte, le preocupaba colocarse o «caer en la droga».

La tranquilicé explicándole que el tipo de cannabis médico que yo recomendaría para su ansiedad contenía niveles muy bajos de THC (tetrahidrocannabinol), el compuesto que te coloca. Ella no iba a tomar nada que pusiera en peligro sus capacidades laborales, que la cambiara socialmente o que la hiciera sentirse drogada. Para el día le receté un aceite de muy bajo contenido en CBD y bajo en THC, y para la noche una dosis minúscula de un aceite algo diferente que sería más relajante y la ayudaría a dormir.

Al cabo de tres meses, Bex ya dormía mejor y había acordado con su médico que dejaría las pastillas para la ansiedad. Me contó que, incluso en un día estresante de oficina, se notaba más tranquila. Partiendo de este éxito, acordamos la vuelta a las clases de yoga y abordar sus patrones de sueño. Seis meses después, declaró que desde hacía diez años no se sentía tan bien. Según decía, era como si alguien hubiera hecho retroceder el tiempo y ella hubiera recuperado su viejo yo.

Bex es solo una más de esa multitud de pacientes a los que he podido ayudar mediante el uso de la planta de cannabis como medicamento para tratarlo prácticamente todo, desde la ansiedad a la epilepsia. Las principales culturas del mundo antiguo llevan miles de años utilizando el cannabis para curar, por lo que no es algo nuevo; simplemente, sucede que la medicina moderna lo ha redescubierto tras décadas de demonización en la guerra contra las drogas.

Como médica, tras observar los resultados tan transformadores en el tratamiento de mis pacientes con cannabis y CBD terapéuticos, pasé de ser lo que llamo «canna-escéptica» a ser «canna-convencida». He vivido un éxito tras otro con pacientes que, después de haber probado en vano innumerables fármacos y terapias complementarias, ya no aguantaban más.

Sistemáticamente oigo comentarios como: «Esto me ha cambiado la vida», «Esto ha salvado mi matrimonio», «He recuperado mi vida», «Toda nuestra familia ha cambiado», «He redescubierto la alegría de vivir». Estas reacciones me han vuelto casi una fanática a la hora de compartir lo que esta asombrosa planta puede ofrecernos; en La biblia del CBD me he valido de varios años de práctica clínica, amén de mi experiencia personal, para transmitir mis conocimientos acerca de cómo el cannabis y el CBD médicos pueden ayudar a proporcionarte un camino hacia tu mejor yo posible.

La planta de cannabis puede ofrecer mucho a la actual revolución del bienestar, pero a su alrededor todavía hay mucha confusión, mitos e informaciones contradictorias, por lo cual a veces resulta difícil saber a qué atenerse. La gente busca una guía sobre cómo incorporar esta planta a su vida, con seguridad y confianza, por diversas razones relacionadas con el bienestar y la salud. La guía es este libro.

Esto es también una historia sobre cómo la planta de cannabis me ayudó a mí y a varios miembros de mi familia y a miles de pacientes a encontrar el equilibrio en un mundo desequilibrado. Sobre cómo esta humilde planta puede contribuir a recuperar nuestro equilibrio interno, lo que los científicos llaman «homeostasis».
Pese a ser un medicamento botánico absolutamente respetable, en el siglo pasado el cannabis cayó en el descrédito. Me complace ver que, por suerte, está recuperando su lugar adecuado como medicamento herbal efectivo y (si se usa de manera adecuada) seguro, con superpoderes capaces de ayudar a aliviar enfermedades y síntomas crónicos cuando los fármacos actuales se quedan cortos. No lo cura todo, pero en lo concerniente a herramientas, es una de las más potentes que he utilizado jamás, tanto en la medicina oriental como en la occidental.

No hay una manera correcta o incorrecta de usar este libro. Si sientes curiosidad y quieres conocer escrupulosamente todos los detalles científicos sobre la planta de cannabis y sus componentes, léelo de arriba abajo, incluidos los capítulos más técnicos de la parte primera sobre la historia de la planta y las minuciosas formas de dosificarla y consumirla. Si parece algo abrumador, no te preocupes; es normal. Cada uno de los capítulos de la parte segunda centrados en el sujeto/problema pretende ser una referencia independiente. Por ejemplo, si te interesa mejorar tu sueño, lee el capítulo sobre el sueño, y luego, para una información más pormenorizada sobre cómo elegir el producto adecuado y la manera de usarlo, salta al capítulo cinco sobre dosificación y las maneras de consumir cannabis. En cualquier caso, solo se ha de contemplar la toma de CBD o cannabis terapéutico tras consultar primero al médico. Ningún libro puede sustituir al consejo médico individual.

PRIMERA PARTE

1 – Cómo hemos llegado aquí

La cannabis sativa es una planta con múltiples usos medicinales y para mejorar el bienestar. Contiene cientos de sustancias químicas, entre ellas un centenar de cannabinoides que trabajan con nuestro cuerpo para ayudar a combatir la inflamación, proteger el cerebro contra el estrés, reducir la ansiedad, influir en el sueño y en el sistema inmunitario y quizá contribuir a mantenernos equilibrados, tranquilos y felices en nuestra agitada vida moderna. En el capítulo tres, «Conocimiento de la planta», te explicaré a fondo todo lo relativo a la planta y su historia.

El CBD es solo una sustancia química de la planta de cannabis que tiene muchos de esos superpoderes, incluso por sí sola, y como no lleva THC no te hará sentir raro, colocado ni intoxicado. De hecho, es tan segura que, aunque te tragaras una botella entera de CBD de cáñamo comprada en una tienda naturista, probablemente no te haría ningún daño. Sobre el consumo de CBD hay mucho miedo y circula mucha información falsa: he oído a alguien decir que se colocó con CBD facial, ¡lo cual es imposible! El CBD no provoca intoxicación ni hace que te sientas drogado, y se considera seguro sobre todo en las dosis promedio de bienestar que se usan. Según el informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre el CBD, se ha investigado ampliamente su toxicidad potencial y se ha llegado a la conclusión de que es «relativamente baja».

Que yo sepa, nadie ha sufrido nunca una «sobredosis» de CBD, por lo que cabría decir que es más seguro que muchos, o incluso la mayoría, de los medicamentos de venta libre para el dolor, la tos o los síntomas del resfriado, y también más seguro que muchos otros productos naturales a la venta en la mayoría de las tiendas de alimentación o de comida sana (de todos modos, antes de empezar a tomar cualquier suplemento nuevo es mejor consultar al médico, y leer el capítulo seis).

El CBD puede ser una asombrosa herramienta médica preventiva. Gracias a sus eficaces propiedades antiinflamatorias y reductoras del estrés, incluso puede ayudar a prevenir problemas de salud debidos a inflamación y estrés crónico descontrolados, el auxiliar botánico ideal para la vida moderna.

En la actualidad, el cannabis está reivindicando su lugar histórico como componente de nuestra cultura, a la vez que lo transforma todo radicalmente, desde la atención médica a la industria alimentaria y los productos de belleza. Incluso puede cambiar nuestra manera de socializarnos, pues si nos referimos a instrumentos sociales y de alivio del estrés, muchas personas buscan alternativas al alcohol. A diferencia del alcohol, que es neurotóxico, el CBD es neuroprotector (es decir, protege el cerebro), ¡y no te provocará ninguna desagradable resaca!

Acerca de las pruebas sobre el cannabis y el CBD

Como pasa con todos los medicamentos herbales, estudiar el cannabis como si se tratara de un fármaco es complicado, pues contiene centenares de sustancias químicas; no como los medicamentos farmacéuticos, que suelen constar de productos químicos únicos con un objetivo concreto en el cerebro o el cuerpo, y una dosificación que se ajusta al modelo «talla única».

Los médicos, los investigadores y básicamente todos los que leen las noticias se han acostumbrado a pensar que las únicas pruebas e investigaciones son las verificadas en un ensayo aleatorio controlado con placebo (RCT, por sus siglas en inglés). Este modelo de investigación fue ideado originalmente por empresas multimillonarias para desarrollar fármacos sintéticos de un solo ingrediente que, a continuación, pudieran patentar, recuperando los costes de fabricación y controlando todas las condiciones en el marco estricto de un laboratorio. A lo largo de los últimos treinta años, el RCT/embudo sobre el desarrollo de fármacos se consideró por definición «medicina basada en pruebas», mientras todo lo demás era desdeñado, menospreciado o rechazado como algo carente de pruebas. Este procedimiento provocó que se pasaran por alto todos los medicamentos vegetales, así como otras muchas terapias tradicionales de bajo riesgo, a pesar de miles de años de uso generalizado, lo que supuso un flaco favor para los pacientes y para el ejercicio de la buena ciencia.

El cannabis y otros medicamentos botánicos no se pueden analizar simplemente mediante los mismos métodos utilizados con los fármacos de un solo componente químico, toda vez que contienen centenares de compuestos activos y adoptan montones de formas. A diferencia de casi todos los demás compuestos sintéticos o de una sola planta, el CBD funciona por sí mismo en muchos sistemas y mecanismos diferentes, lo cual explica por qué parece actuar en situaciones diversas, desde afecciones cutáneas hasta la epilepsia.

El profesor David Nutt, uno de los principales expertos mundiales en los efectos de los fármacos en el cerebro y destacado investigador en neuropsiquiatría y política sobre drogas, dice lo siguiente: «El cannabis es probablemente la medicina más antigua del mundo, prohibida en todos los países durante más de cincuenta años por motivos políticos. Me alegro de su regreso al uso terapéutico; creo que, en el próximo cuarto de siglo, será la principal innovación en los tratamientos nuevos. Sin embargo, para que los pacientes del Reino Unido obtengan el máximo beneficio hará falta un cambio en la mentalidad de la profesión médica, que debería considerar el cannabis clínico como una oportunidad, no como una amenaza.»

Afortunadamente, existen muchísimas pruebas que apuntan al CBD y al cannabis como herramientas de bienestar y también como medicamento serio. Este conjunto de pruebas está aumentando de forma exponencial, pese a que durante buena parte de los últimos años ha sido ilegal siquiera estudiar la planta. Teniendo en cuenta este parón de varias décadas y el hecho de que es complicado estudiar las medicinas vegetales, si hablamos del incremento de las pruebas favorables al uso de la planta de cannabis, en realidad estamos desplazándonos a una velocidad vertiginosa.

Plantas de energía

En fitoterapia, en algunos casos, podemos hablar de «plantas de energía». Hay plantas con propiedades muy poderosas que se pueden utilizar para bien o para mal: curar o dañar. Todas son muy activas y tienen efectos considerables incluso en dosis pequeñas.

Las principales plantas de energía que se usan ampliamente como medicamentos o como drogas son:

  • Amapola/adormidera: de la que proceden la morfina y la heroína.
  • Coca: más conocida como cocaína; los habitantes de los Andes mastican hojas de coca sin procesar para aliviar el mal de altura; además, los ayuda a subir laderas acarreando fardos de más de veinte kilos. En Sudamérica, la hoja de coca también se vende como té de bienestar, muy consumido para ayudar en la concentración, de modo similar a como podríamos tomar una taza de café.
  • Café: el impacto de la cafeína matutina en dosis pequeñas puede ser fantástico para algunos, pero a otros les altera el sueño y aumenta su estrés.
  • Tabaco: la nicotina es una de las sustancias más adictivas que se conocen, pero la planta es también un potente insecticida natural utilizado ceremonialmente en algunas tradiciones de los nativos americanos.
  • Cannabis: uno de los remedios herbales más antiguos, usado medicinalmente y con fines espirituales en muchas culturas a lo largo de miles de años. En la época actual, la planta se cultiva en el mercado negro para crear variedades con un alto contenido en THC que se consumen con la única finalidad de colocarse. También se pueden cultivar variedades más medicinales con más CBD (pero bajo nivel de THC) que no suelen tener ese efecto.

Aparte de la amapola, un sedante del sistema nervioso, las demás plantas de energía enumeradas aquí, excepto el cannabis, contienen estimulantes fuertes. Por otra parte, cabe usar el cannabis para ayudar al cerebro, al sistema nervioso y al cuerpo a recuperar un estado de equilibrio, armonía y estabilidad mental. Según sean la forma y la clase elegidas, puede ser tranquilizante o estimulante. Existen muchas variedades: esta es una de las cosas por las que es tanto singular como útil para numerosos usos sanitarios de amplio alcance.

El cannabis es un puente entre las drogas y la medicina botánica

En países como Canadá, Estados Unidos o el Reino Unido, el cannabis está siendo utilizado y recetado por médicos occidentales como si fuera un medicamento común, como cualquier producto farmacéutico. Al mismo tiempo, sigue siendo una medicina botánica o herbal (remedio natural) con centenares de productos químicos activos que, a diferencia de cualquier otro fármaco sintético del planeta, actúan conjuntamente en buena armonía.

Lo más llamativo de la planta de cannabis es que es a la vez una medicina botánica y una droga. Tiene la capacidad de reducir drásticamente las convulsiones en los niños con epilepsia resistente a los medicamentos, con pocos efectos secundarios, y también de modificar nuestra reacción ante el estrés y el trauma.

También es singular por el hecho de ser una de las escasas medicinas botánicas que cabe aplicar tópicamente como crema antiacné y para dolores musculares, ingerirla por la boca, usarla en forma de supositorio por la vagina o el recto, inhalarla mediante vaporización para un efecto casi inmediato, utilizarla por vía transdérmica mediante un parche que afecte a todo el cuerpo, y combinarla de forma segura con muchas otras hierbas y medicamentos.

El cannabis también actúa como puente entre la medicina occidental y la fitoterapia natural, con lo que aglutina a personas de todo el espectro, desde el médico más escéptico hasta la curandera más tradicional. Naturópatas y herbolarios, activistas, científicos investigadores, chamanes y personas de antecedentes y creencias diversas pueden hablar entre sí sobre el cannabis en cualquiera de sus formas.

El cannabis consigue que personas escépticas con respecto a las medicinas alternativas hablen con otras que llevan años sin pisar una institución médica, porque, con independencia de tus ideas, el cannabis y el CBD quizá puedan ofrecerte algo. Me he formado y he ejercido durante años como médica y como especialista en medicina integrativa y en terapia con plantas medicinales, y puedo decirte con absoluta seguridad que, después de tratar a miles y miles de pacientes, esta planta es especial.

Ningún otro fármaco, hierba o ingrediente individual que pueda poner yo en una pastilla es capaz de unir resultados como lo hace la planta de cannabis. A su resurgimiento como medicamento y herramienta de bienestar, muchos lo llaman «la revolución verde». Y quizá no exageren.

Cómo pasé de ser «canna-escéptica» a ser «canna-convencida»

Como le ha sucedido a mucha gente, mis primeras exposiciones al cannabis se dieron en fiestas en las que se te ofrecía un porro con alto contenido en THC. Muchos amigos míos fumaban hierba y cigarrillos, y bebían alcohol como parte de la experimentación adolescente. No he fumado un cigarrillo en mi vida, y probé el cannabis por primera vez cuando tenía veintitantos años (básicamente, a qué tanto alboroto). Cuando estuve en la Facultad de Medicina, jamás desempeñó ningún papel en mi vida, fuera recreativo o de otra clase, quizás en parte porque me habían machacado con la idea de que el cannabis era malo para el cerebro, podía volverte estúpido o afectar a tu rendimiento académico.

Así pues, aunque me formé en medicina integrativa (¡incluida la medicina botánica!) y usé otros medicamentos botánicos y suplementos naturales, enseñaba a mis pacientes ejercicios de respiración y meditación, pero tenía bastantes dudas sobre recetar cannabis. En la Facultad de Medicina no enseñaban nada sobre el cannabis como medicamento: solo que era una droga «peligrosa», pese a que en Canadá estaba disponible legalmente para ciertos enfermos desde 2001 (hecho que nadie mencionó nunca durante mi etapa de estudiante). Era como si el cannabis terapéutico fuera el secreto mejor guardado de la profesión.

Asimismo, aparecían las regulares actualizaciones de nuestros órganos de gobierno sobre los peligros de recetar cannabis médico; por otro lado, sobre todo en la primera época, a los médicos se nos alentaba a abstenernos de hablar de ello con los pacientes; no podíamos aprobarlo ni, mucho menos, recetarlo. Ninguno de estos avisos analizaba jamás las diferencias entre CBD y THC, ni mencionaba las investigaciones que se estaban haciendo, a menos que se tratara de un estudio negativo o mal hecho o que incluyera productos artificiales y sintéticos de cannabis que no tenían nada que ver con lo que yo recetaría a alguien.

Obviamente, tras una vida de condicionamiento negativo sobre el cannabis, tenía que resolver mis propios prejuicios respecto a esta planta. Aunque mi formación era la de especialista en medicina natural, aún mantenía profundas creencias (subconscientes, incluso) acerca del CBD y el cannabis terapéutico, por ejemplo:

  • El cannabis médico era solo una excusa para que los fumetas se colocaran legalmente.
  • No había «pruebas» de que surtiera efecto (esto era lo que los órganos reguladores no paraban de decirnos, pese a las pruebas que apuntaban a lo contrario).
  • Era muy adictivo.
  • Incrementaba el riesgo de las personas de desarrollar problemas graves de salud mental.
  • En los adultos, podía causar daños irreversibles en el cerebro.
  • Era una puerta de entrada a la drogadicción, a una vida echada a perder y a las drogas duras que destruían a las personas desde dentro.
  • Volvía a la gente perezosa.

Yo había visto ambulatorios y dispensarios donde se daba cannabis y había observado también los problemas con ese modelo. Conocía personalmente a algunos médicos que trabajaban allí recetando cannabis (lo cual era técnicamente una nota del profesional que autorizaba a usarlo por razones médicas más que una prescripción tradicional), y tuve la impresión de que se hacía a tontas y a locas, tras una charla de apenas cinco minutos, sin ningún conocimiento real de la planta (dosis o distintas variedades) ni guía alguna para el paciente sobre cómo consumirlo. Existía la percepción de que para los médicos era solo una manera fácil de ganar dinero, extendiendo recetas rápidas y practicando una mala medicina. Yo quería evitar esto; cuando empecé a recetar, consideré el cannabis como cualquier otra intervención de la medicina integrativa: en el contexto más general y junto a otros tratamientos, también ajusté cosas como el contenido de CBD y THC, la variedad, la dosis y el método de uso para adaptarme al paciente y a lo que este quería.

Así pues, ¿qué me impulsó al final a recetar cannabis? En primer lugar, mis pacientes. En las zonas rurales de Canadá, había visto de primera mano a pacientes que cultivaban cannabis y llevaban años consumiéndolo, en lugar de opioides, somníferos o ansiolíticos. Si lo hacían bien, aquello parecía funcionar de veras. La mayoría no lo fumaba, sino que lo consumía de otra manera, como un aceite o en forma vaporizada. El inconveniente de este método casero, también llamado «me lo pasó un amigo», era la imprevisibilidad del resultado, ya que no sabían exactamente qué estaban tomando en cuanto al CBD, el THC y otros componentes químicos vegetales.

Yo sabía que aplicando principios de fitoterapia y un método científico sería capaz de contribuir a que el cannabis fuera más efectivo y a reducir las posibilidades de cualquier efecto secundario o intoxicación, que la mayoría de las personas deseaban evitar. En esencia, la gente quería una guía en la que confiar, alguien que entendiera tanto la medicina y la ciencia modernas como la terapia con plantas medicinales. Consideré que era mi obligación ayudar, sobre todo teniendo en cuenta que mi ámbito de interés era el de las medicinas botánica y natural. La mayoría de los médicos que recetaban cannabis, aunque en muchos casos estaban prestando un gran servicio a sus pacientes, no tenían formación en medicina botánica ni un conocimiento profundo de la planta. Yo tenía la gran suerte de llevar años incorporando satisfactoriamente estas cosas a mi práctica clínica convencional.

Lo segundo que me convenció fue que yo misma estaba sufriendo un dolor crónico tras una lesión traumática, y (lo has adivinado) el cannabis me ayudó a superarlo (sobre esto, más en el capítulo 12, «Gestión del dolor»).

De modo que a lo largo de los años siguientes me dediqué a lo que comencé a llamar «medicina integrativa del cannabis», y traté así a miles de pacientes.

Para mi gran asombro, esta simple planta y los medicamentos elaborados a partir de ella empezaron a cambiar la vida de mis pacientes como jamás habría imaginado. Casi a diario me contaban que esa medicina había salvado su matrimonio, les había permitido conectar mejor con sus parejas, hijos o nietos, o simplemente los había ayudado a sentirse de nuevo humanos. Puedo decir sin tapujos que nadie había dicho eso sobre ninguno de los fármacos convencionales que yo había estado recetando ni acerca de ningún otro remedio de hierbas que hubiera utilizado. Estaba pasando algo importante, algo que, en mi opinión, iba a cambiar la medicina tal como la conocemos.

Me emociona poder compartir contigo en La biblia del CBD todo lo que sé sobre la medicina del CBD y el cannabis. La planta no es una panacea ni un remedio instantáneo para enfermedades crónicas complejas, pero sí es, sin duda, un instrumento muy eficaz para ayudar a la gente en distintos tipos de viajes curativos; por otro lado, como mejor funciona es con un enfoque holístico, que analizaremos más a fondo en las páginas que siguen.

2 – Historia del consumo del cannabis

La Cannabis sativa es una de las plantas cultivadas más antiguas de la historia (¡tenemos pruebas de que los seres humanos ya la consumían hace doce mil años!). Durante miles de años se ha estado utilizando con fines médicos, espirituales y sociales, y la fibra de la planta ha servido para confeccionar ropa y cuerda. Mucho antes de que se pudieran encontrar en los pasillos de las tiendas de comida integral, las semillas de cáñamo ya se comían por su alto valor nutritivo. Es una de las plantas medicinales cultivadas más ampliamente usadas en la historia, en todo el planeta. Se estima que, en la actualidad, consumen cannabis al menos una vez al año, en una forma u otra, entre doscientos y trescientos millones de personas en todo el mundo.

Los fanáticos de las plantas auténticas quizá quieran saber de dónde viene el cannabis: según los registros arqueológicos, parece que de la meseta tibetana de Asia central. Su pariente vegetal más cercano es el lúpulo, utilizado en la elaboración de cerveza, de modo que ambas comparten algunas de las mismas sustancias químicas, si bien es probable que el cannabis, como especie diferenciada, tenga al menos treinta y ocho millones de años de antigüedad. Los seres humanos evolucionaron en lugares donde también crecía el cannabis y, como veremos en el capítulo 4, el sistema de defensas químicas de la planta es casi el homólogo exacto de uno de los sistemas humanos de defensa, razón por la cual puede actuar en nuestro cuerpo de tantas maneras: en esencia, evolucionamos juntos.

Contrariamente a la creencia popular de que hasta hace poco no ha habido pruebas de ciencia médica documentada con respecto al cannabis, ¡en realidad, llevamos doscientos años de investigaciones en curso y acreditadas! Entre 1880 y 1950, se publicaron más de treinta trabajos científicos acerca de los usos terapéuticos del cannabis, que iban desde el tratamiento del dolor menstrual y las úlceras de estómago hasta su utilidad en el dolor crónico grave, el insomnio y la depresión. Este avance en materia de publicación se vio frenado bruscamente en la época de la prohibición del cannabis, desde mediados del siglo XX hasta hace poco, pero, por suerte, la ciencia y el número de artículos científicos están poniéndose al día rápidamente.

Si quieres impresionar a tus amigos con tu CI ligado al cannabis, fíjate en los siguientes hechos históricos conexos. Uno de los aspectos interesantes de esta planta no es solo cómo usarla desde el punto de vista médico, sino también cómo se ha manipulado su reputación debido a las agendas políticas, sobre todo durante el siglo pasado. En el siglo XX, a raíz de la campaña de motivaciones políticas y económicas contra el cáñamo y el cannabis, este pasó de ser una medicina botánica eficaz y totalmente respetable a convertirse en una peligrosa puerta de acceso a las drogas, todo ello en el marco de un orquestado acoso y derribo racista y científicamente incorrecto.

Quizá parezca una declaración demasiado contundente, pero es verificable. Cuando empecé a indagar en la historia del cannabis y descubrí su pasado político, mi primera reacción fue de incredulidad: ¿cómo podía ser que todo lo que creía saber sobre el cannabis y el CBD fuera erróneo? Crecí en Estados Unidos, en Carolina del Sur, concretamente, y todavía recuerdo la campaña «Simplemente Di No» en la escuela, así como la guerra contra las drogas, que ya desde una temprana edad me infundieron un miedo al cannabis profundamente arraigado. Este estereotipo negativo no se disipó en la Facultad de Medicina, donde la única mención al cannabis aparecía bajo el epígrafe: «puerta de entrada a la drogadicción». No se le daba valor medicinal y tenía una gran capacidad para originar psicosis. Tanto en la guerra contra las drogas como en la Facultad de Medicina, todo el cannabis se mezclaba, sin establecer diferencia alguna entre el THC (la sustancia química responsable del colocón) y el CBD (sin ninguna capacidad para colocarte) ni mencionar siquiera las distintas variedades de la planta. Ahondaré en estos detalles en el próximo capítulo, así que ten paciencia; luego dispondrás de una explicación completa.

Tras investigar la historia reciente del cannabis, cuando empecé a valorar la posibilidad de recetarlo en mi consulta, me sentía engañada, estafada y sobre todo confusa ante el modo en que una cultura había llegado a esa idea demonizada, acientífica, sobre una planta medicinal útil. En la actualidad, tal retórica sigue siendo algo muy generalizado, incluso en las facultades de Medicina, pero afortunadamente las cosas están cambiando gracias al reciente aumento de las investigaciones sobre el cannabis, el CBD y los beneficios terapéuticos de la planta.

Como cualquier uso del cannabis ha sido tan vilipendiado, cuando veo a ciertos pacientes por primera vez, a menudo me confían que llevan varios años tomándolo en secreto para tratarse de diversas afecciones. Tal vez comenzaron a hacerlo como alternativa a los fármacos potencialmente más peligrosos y adictivos que sus médicos les habían aconsejado y recetado. Suelen notar una fuerte sensación de alivio y catarsis al verse capaces de decirle a un profesional de la medicina, sin ser criticados o juzgados, que el cannabis les ha funcionado muy bien durante años y no sentirse como si fueran criminales o seres inferiores. Esta primera conversación verdadera con un médico sobre los efectos medicinales del cannabis es en sí misma muy sanadora. Ayuda al paciente a quitarle el control a un sistema médico que a menudo les ha desempoderado sin ofrecerles una solución alternativa. Incluso las personas que han estado consumiendo principalmente «productos» con alto contenido en CBD suelen sentirse de lo más culpables, dado que este procede de aquella planta. Superar la culpa y la vergüenza en torno al CBD y al cannabis ha llegado a ser una las misiones de mi vida, pues creo que las plantas no deberían llevar principios morales adjuntos, sean buenos o malos.

DESDE LA ÉPOCA ANTIGUA A LA EDAD MEDIA

Hace diez mil años, mucho antes de que se levantaran las grandes pirámides, un ser humano dibujó lo que parece una hoja reconocible de cannabis en la pared de una cueva de Japón, en la isla de Okinoshima. Por tanto, es lógico suponer que ya nuestros antepasados cavernícolas tuvieron algún conocimiento sobre el poder del cannabis.

El cannabis se usó en Japón y China, Mesopotamia, el antiguo Egipto, la antigua Grecia, Roma y la India como elemento tanto de la medicina como de la tradición espiritual.

Las únicas civilizaciones antiguas que no lo utilizaron fueron las de los incas y los aztecas, culturas del Nuevo Mundo, pues el Cannabis sativa no es originario de las Américas: el colonialismo lo llevó allí solo a partir del siglo XVII.

Algunos de los primeros usos conocidos del cannabis en una cultura antigua importante corresponden a China, donde se cultivaba ya en el 6000 a. C. Se usaba como medicina y con fines espirituales y religiosos, así como con el objetivo de obtener fibra para indumentaria, mucho antes de que los hippies pusieran de moda la ropa de cáñamo.

Los sumerios, acadios y egipcios antiguos: utilizaban el cannabis como medicamento para tratar problemas que iban desde la pena a las convulsiones o las afecciones oculares, incluso para aliviar los dolores del parto.5 Los romanos y los persas hicieron lo mismo.

De todos modos, la cultura antigua con las vinculaciones más conocidas con el cannabis quizá sea la india. El cannabis, o bhang, se menciona en los textos religiosos hinduistas, los Vedas, como una de las cinco plantas sagradas que nos liberan de la ansiedad. Esta larga relación con el cannabis como medicina y herramienta espiritual continúa incluso hoy en día, algo que experimenté de primera mano en un periodo sabático de seis meses que pasé en la India rural estudiando yoga, meditación y el ayurveda (fitoterapia india) con maestros tradicionales. En los lugares a los que viajé, ciudades sagradas, estaban prohibidos el alcohol y la carne, pero, por todas partes. había una bebida de cannabis llamada bhang y una resina pegajosa conocida como charas, sobre todo como parte de la errante cultura ascética de los sadhus. Los seguidores de la diosa Shiva, que suelen mostrarse fumando cannabis, lo consumen con regularidad y lo comparten con los transeúntes que se paran y se sientan con ellos. Como para algunos rechazar el charas es grosero o incluso poco espiritual, es posible ver a personas de toda clase y condición compartir cannabis con alguno de esos hombres sagrados en cualquier esquina de muchas ciudades de la India.

Curiosamente, en un estudio llevado a cabo sobre esta vida de los sadhus en Benarés se observó que el consumo moderado y prolongado de cannabis en esta población no estaba asociado a ningún efecto nocivo.6 Esto no equivale a decir que el consumo de cannabis no conlleve problemas potenciales (especialmente en las variedades de contenido alto en THC y bajo en CBD, que en general no recomiendo), pero según este estudio el riesgo parecía ser escaso. Para los sadhus, se trata de una planta sagrada, consumida para ayudar a alcanzar estados de conciencia alterados. El uso regular con esta finalidad no lleva anexo ningún principio moral, si bien con las leyes indias y nepalíes actuales el consumo de cannabis es ilegal.

El cannabis también lleva miles de años siendo utilizado en el sistema médico herbal indio tradicional, el ayurveda, como importante ingrediente de los brebajes preparados para tratar enfermedades tan diversas como fiebre, asma, trastornos digestivos, ansiedad, convulsiones o afecciones cutáneas.9 Sin este ingrediente, muchas de las recetas simplemente no funcionarían igual (es como si desapareciera la potencia, tal vez por la pérdida de sinergia entre el cannabis y otros componentes). Los médicos ayurvédicos también seguían el enfoque «menos es más» para evitar la sobremedicación y los efectos secundarios del THC, en el bien entendido que demasiado THC puede llegar a provocar desequilibrios, en vez de resolverlos.

A lo largo y ancho de la Europa medieval, el Imperio otomano y África, el cannabis, aparte de ser un medicamento importante, se utilizó también para una amplia variedad de fines.

Aunque la planta de cannabis no es originaria de América, en el siglo XVII, y gracias a los exploradores europeos, llegó al continente, donde acabó siendo un importante cultivo comercial. De hecho, en 1619, se aprobó una ley que exigía a todos los granjeros norteamericanos que cultivaran cáñamo, que, al ser tan valioso, en algunos estados se utilizaba como moneda.

No fue hasta 1753 cuando Carlos Linneo dio a la planta el nombre con el que la conocemos actualmente: Cannabis sativa.

LA ÉPOCA VICTORIANA

Los victorianos quizá sean famosos por su moralidad estricta, pero no tenían problema alguno con el uso médico del cannabis; hay muchos informes de médicos convencionales en los que se puede descubrir que lo empleaban para tratar enfermedades como la ansiedad, el insomnio o los dolores del parto. Disponible como medicamento normal en las farmacias de las islas británicas y Norteamérica, se utilizaba para casi todo, desde la tos y el dolor de cabeza hasta las convulsiones.10, 11, 12

Aunque muchos médicos aún afirman que no existen publicaciones médicas occidentales que demuestren el uso del cannabis, según un estudio realizado en 1860 por el doctor Fronmueller, este se valió de extracto de cannabis para ayudar a restablecer los ciclos de sueño en mil pacientes. Asimismo, hubo en el siglo XIX múltiples informes de usos médicos para la depresión y la ansiedad, entre ellos los de Polli en 1870 y Strange en 1883.

LA ÉPOCA DE LA PROHIBICIÓN

Aquí es donde comienza la parte confusa de la historia del cannabis, pues está llena de información contradictoria e ideas sin base científica. Al principio del siglo XX, al cannabis las cosas todavía le iban bastante bien. Un informe de 1901 de la Royal Commission llegó a la conclusión de que era «relativamente inocuo» y no valía la pena prohibirlo. El padre de la medicina moderna occidental, el doctor William Osler, se mostraba de acuerdo; y lo utilizó con buenos resultados en el tratamiento de la cefalea migrañosa.

No obstante, al mismo tiempo, médicos y Gobiernos estaban empezando a identificar el arma de doble filo de los opioides (buenos para el dolor agudo, malos por su carácter adictivo), y también comenzaron a darse cuenta de que demasiado cannabis también podía ser perjudicial, como cualquier planta de energía. En esa época, las tinturas de cannabis disponibles no estaban estandarizadas con arreglo a la potencia, y aún nadie sabía siquiera qué era el THC.14 Así pues, en esencia, recetarlo era un juego de adivinanzas en toda regla. Muchos estados de los Estados Unidos comenzaron a limitar el acceso a las tinturas de cannabis igual que hicieron con los opioides o la cocaína terapéutica, debido a la preocupación por sus peligros potenciales o su abuso. En realidad, esto era una razón legítima y científica para controlar los productos de cannabis que se estaban utilizando en medicina. Hasta aquí todo bien en lo concerniente a los argumentos racionales.

En Estados Unidos, las cosas comenzaron a ser algo confusas y poco científicas para el pobre cannabis en torno a la época de la prohibición. Contra el cannabis hubo una campaña gubernamental y de opinión pública que acaso se podría remontar en parte a la competencia entre cultivadores de cáñamo, por un lado, y los agricultores algodoneros y las empresas madereras, por otro. Según cierta teoría, el cáñamo, como fuente de fibra y quizá papel, podía superar a la madera y al algodón, y amenazar así a estos sectores.

Otro aspecto de la historia es el hecho de que el cannabis era muy utilizado en las culturas sociales afroamericana y mexicana. El Gobierno norteamericano de la época era racista y contrario a la inmigración, y los principales periódicos publicaban crónicas sobre hombres «de color» que consumían drogas para corromper y agredir a mujeres blancas. Según estos reportajes, el cannabis era una amenaza moral para la sociedad y estaba ligado a grupos étnicos no blancos.

La trama se complicó al final de la prohibición. En mitad de la Gran Depresión, se encargó a Harry J. Anslinger que creara un nuevo departamento gubernamental, la Oficina Federal de Narcóticos (FBN, por sus siglas en inglés). El recién constituido departamento necesitaba dinero en efectivo, y Anslinger vio una oportunidad en el cannabis. En los Estados Unidos, ha sido considerado el padre de la guerra contra las drogas; hizo del cannabis el enemigo número uno.

En YouTube, podemos encontrar Reefer Madness [Locura de la marihuana], una de las películas patrocinadas por la FBN.17 En ella aparecen personas que, supuestamente enloquecidas por la planta, cometen crímenes atroces, entre ellos violaciones y asesinatos. También se ve a gente no blanca consumiendo cannabis con el que corrompen a jóvenes blancos. La campaña resultó muy útil para crear cierto miedo social relacionado con la salud pública e incrementar la financiación de la nueva FBN. Esto sentó las bases de la Ley de Tasación de la Marihuana de 1937, que fue rechazada por la Asociación Médica de Estados Unidos. La ley declaraba ilegal el cannabis a nivel federal (nacional), por lo que resultaba casi imposible recetarlo como medicamento. (Es interesante señalar que, tras el final de la prohibición, la ley norteamericana y la cultura occidental rehabilitaron plenamente el alcohol. Aunque el alcohol estaba relacionado con muchos más problemas de salud y de carácter social que el consumo de cannabis, uno y otro no corrieron la misma suerte.)

El siguiente golpe duro contra el cannabis se lo propinó en 1961 un actor inverosímil: la ONU.18 En contra de las investigaciones científicas más modernas y respetables de la época, se tomó la decisión de encuadrar el cannabis en la misma categoría de los narcóticos, los opioides (como la heroína) y la cocaína. Al parecer, la resolución se basó más en razones económicas y políticas que en cualquier explicación científica o de salud pública.19, 20 Anslinger asesoró a la Organización Mundial de la Salud sobre la cuestión, lo que llevó a esta a declarar que el cannabis no tenía «ningún valor médico moderno». Algo ciertamente curioso si tenemos en cuenta que Anslinger no era científico ni médico, sino abogado y político.

Entonces, ¿qué dedujo el Reino Unido de todo eso? Pues bien, al cabo de unos años, en 1968, el Gobierno británico hizo sus deberes sobre el cannabis y resolvió que el «consumo prolongado del cannabis con moderación no tiene efectos nocivos». Pese a eso, en 1971, se eliminó el cannabis de la Pharmacopoeia británica y se reclasificó de un día para otro, para pasar así a ser un fármaco «sin valor medicinal».

En consecuencia, a partir de 1971, en el Reino Unido y en los Estados Unidos fue prácticamente imposible estudiar la planta de cannabis con ninguna finalidad médica. Y esta situación se ha mantenido hasta hace muy poco.

EL CANNABIS HACE SU REAPARICIÓN…

Entre mediados y finales de la década de 1970 se observaron actitudes cambiantes con respecto al cannabis (por ejemplo, en los Países Bajos se despenalizó). En 1988, la Administración para el Control de Drogas (DEA) de los Estados Unidos estableció que el cannabis tenía sin duda beneficios terapéuticos y debía ser reclasificado como fármaco médico respetable, si bien este consejo se pasó por alto durante algunos años. En 1996, California abrió nuevas vías al declarar legal el cannabis médico para los pacientes con sida, cáncer y otras enfermedades dolorosas graves. ¡Por fin una victoria para la planta!

Era el principio del renacimiento del cannabis. Entre 1993 y 1996, la UE consideró legal, nuevamente, cultivar cáñamo en la mayoría de los países miembros (cannabis con bajo contenido en THC), postura que los Estados Unidos adoptaron en 2009. En 2001, los enfermos de Canadá disponían de acceso legal al cannabis médico, y en noviembre de 2018 el Reino Unido siguió el ejemplo y también legalizó el cannabis terapéutico.

En el momento de escribir esto, Canadá y once estados de los Estados Unidos también han legalizado el consumo adulto del cannabis recreativo (es decir, sin receta médica),23 y treinta y tres estados han legalizado el cannabis médico. En Europa, cada vez más países están legalizando el cannabis médico, de modo que hasta ahora los resultados parecen en general positivos, ¡sin signos de «locura de la marihuana»!

El cannabis terapéutico está siendo legalizado incluso en países asiáticos muy conservadores, como Malasia, donde hace unos años la posesión de una pequeña cantidad de la droga podía mandarte a la cárcel de por vida.

Es asombroso observar este cambio de actitud; por otra parte, está claro que el impulso para devolver el cannabis a la práctica médica convencional ha venido de los pacientes y los partidarios del cambio más que de los médicos.

Y ahora que sabemos de dónde procede la planta, echemos un vistazo a su interior para entender de qué va todo este lío.

3 – Conocimiento de la planta

¿Recuerdas cuando siendo niño debías memorizar taxonomías de plantas y animales y que todos los animales y las plantas pertenecían a un género (grupo grande) y a una especie (grupo pequeño)? Si no, no te apures; pero, por si tienes curiosidad, he aquí el desglose de ese sistema para la planta de cannabis:

Género (es decir, el grupo más amplio de plantas al que pertenece el cannabis): Cannabaceae, que también contiene el lúpulo (usado para elaborar cerveza)

Especie (el grupo más pequeño de plantas de cannabis específicas): Cannabis sativa L

Subespecie: Cannabis sativa ssp. indica, Cannabis sativa spp. sativa, Cannabis sativa ssp. ruderalis

Los científicos todavía están discutiendo sobre la mejor manera de clasificar los diferentes subtipos o variedades de cannabis. Voy a simplificar las cosas para que sea fácil recordar y usar el lenguaje que verás con frecuencia en etiquetas y productos del mundo real. Esto te ha de servir de guía cuando recojas un producto o un aceite CBD hecho de cáñamo, algo que puedas comprar sin receta como cualquier otro suplemento (en el caso de que tengas acceso médico legal a él en tu zona), un aceite terapéutico de cannabis o una flor seca de cannabis.

Tricomas: las fábricas de cannabinoides

Los tricomas son minúsculos y pegajosos pelos resinosos que cubren las hojas y las flores de las plantas hembra del cannabis. En realidad, son un mecanismo de defensa contra insectos, hongos, la luz ultravioleta del sol y diversos animales. Las plantas precisan de estas ingeniosas defensas porque, a diferencia de los animales, no pueden escapar del peligro. Así pues, en lo concerniente a la autoconservación frente a cualquier amenaza, crean una fortaleza y se preparan para un asedio.

Los tricomas son los lugares donde se produce la magia en la planta de cannabis, pues fabrican el grueso de los cannabinoides. Crear nuevas variedades de cáñamo de superior contenido en resina (¡más tricomas!) y bajo nivel de THC es la mejor manera de obtener aceite CBD de una forma sostenible en zonas donde solo es legal cultivar cáñamo. Cuanto más estrés sufre la planta, más cannabinoides fabrican los tricomas como respuesta. Los agricultores suelen estresar las plantas modificando los niveles de temperatura y humedad, la exposición a radiación ultravioleta (UVB) o la cantidad de luz, y alterando científicamente otras condiciones de cultivo para conseguir una superior producción de cannabinoides (lo cual significa más CBD y, si es una variedad de alto contenido en THC, más THC también).

Las flores están donde se hallan la mayoría de los tricomas, aunque en las hojas también se producen pequeñas cantidades de cannabinoides.

Los tallos, raíces y semillas de la planta casi no albergan cannabinoides.

 

Plantas macho vs. plantas hembra

La fuente más concentrada de cannabinoides (THC, CBD y más de otras cien sustancias vegetales activas) es la flor no fertilizada de la planta hembra de cannabis, conocida como «sinsemilla». Hoy en día, el cannabis que se cultiva (es decir, no silvestre), tanto si es con fines terapéuticos como para uso recreativo, proviene de la planta hembra.

Las plantas macho se eliminan para impedir que las flores hembra sean fertilizadas. Esto es así porque, tan pronto como se fertiliza una flor, deja de fabricar todos esos cannabinoides medicinales (y también la resina de alto contenido en THC en el caso del cannabis recreativo que se cultiva para que te coloques). Al alejar las plantas hembra de las plantas macho, engañamos a las primeras haciéndoles creer que deben seguir buscando pareja. Por eso siguen bombeando más resina pegajosa rica en canabinoides que deben atraer a las plantas macho para que las polinicen, y así diseminar las semillas (la versión vegetal de tener relaciones sexuales y reproducirse).

Los agricultores mantienen las plantas hembra separadas para recoger una y otra vez de sus flores la resina con alto contenido en cannabinoides. En muchos casos, actualmente, las plantas hembra se cultivan a partir de un clon de una planta madre única, no gracias a la fertilización de una planta macho. En una ocasión, tras una charla, un activista del cannabis se me acercó para decirme que ese método de utilizar las plantas hembra y no permitirles tener relaciones sexuales le parecía poco ético, pues dejaba a las pobres plantas hembra sexualmente frustradas para siempre. Supongo que es una manera de verlo.

Los fitocannabinoides

De las más de setecientas sustancias químicas1 descubiertas hasta ahora en la planta de cannabis, los fitocannabinoides son el grupo más estudiado por sus efectos en la salud humana. Actualmente, ya se han identificado más de ciento veinte fitocannabinoides.

Los fitocannabinoides más conocidos son el THC y el CBD, los dos grandes. No obstante, hay muchos más que contribuyen a la salud general, al bienestar y a los efectos medicinales de amplio espectro del cannabis médico y el aceite CBD, aunque de estos sabemos menos que de los dos grandes.

Los cannabinoides son «lipofílicos», es decir, tienen afinidad por las grasas y detestan el agua. En esencia, esto hace que sea mucho más difícil absorberlos oralmente que por inhalación o por vía cutánea mediante un parche (como los parches de nicotina para dejar de fumar, pero en este caso para el CBD). Sin embargo, gracias al uso de sistemas de alta tecnología en la fabricación de estos productos, puede que se incremente también su absorción por la boca, de modo que este objetivo de lograr que el CBD sea más absorbible y más biodisponible es una ciencia totalmente nueva y apasionante en sí misma (para más detalles, véase capítulo 5).

Me suelen preguntar si además del cannabis existen otras plantas que fabriquen fitocannabinoides, ¡y la respuesta es sí! La agrimonia, de la variedad que crece de manera silvestre en Nueva Zelanda, también los produce; se parece mucho a una forma de THC (llamada THC-trans) y se suele vender como producto botánico legal high, o droga legal.3 La agrimonia lleva años utilizándose como medicamento tópico para curar cortes y quemaduras; tiempo atrás también se usó como tratamiento para la tuberculosis pulmonar, las neuralgias (dolores neuropáticos) y las convulsiones.4 La equinácea (conocida también como «equinácea púrpura»), utilizada en suplementos botánicos antivirales y anticatarrales, fabrica asimismo compuestos que actúan en los receptores cannabinoides de tipo 2 (CB2), los cuales interaccionan con nuestro sistema inmunitario, ¡una de las maneras en que la equinácea puede contribuir a prevenir el resfriado!5 Desde el punto de vista de la medicina botánica, lo bueno de estos ejemplos es el hecho de que plantas completamente distintas estén fabricando sustancias químicas similares que los seres humanos llevamos miles de años usando como medicamentos

Cómo la planta de cannabis fabrica cannabinoides

Lo primero que se produce es la «madre» de los cannabinoides, llamada CBGA (ácido cannabigerótico), que luego, por medio de varios enzimas y procesos, se transforma en los otros cannabinoides, entre ellos el CBD y el THC.

Las formas ácidas tanto del CBD como del THC tienen una A al final: CBDA y THCA. Estas son las formas en la planta viva, antes de calentarla. Así pues, si te comes una flor o una hoja cruda de cannabis, no te colocarás (porque el THCA, a diferencia del THC, no intoxica), pero las formas ácidas sí tienen valor medicinal. Varios pacientes míos cultivan cannabis en zonas rurales de Canadá, y añaden las hojas crudas a su zumo verde matutino.

Conozcamos ahora los fitocannabinoides más famosos, junto con algunos de sus primos, excelentes aunque menos conocidos.

THC

El THC es la primera sustancia química vegetal que la gente relaciona con el cannabis, pues es la que puede hacerte sentir colocado, sobre todo en dosis elevadas y variedades recreativas que se han cultivado durante años precisamente con tal fin. De hecho, algunas de las variedades con bajo contenido en THC recibían nombres como «decepción del hippie» debido a esa falta del elemento «ebrio». A lo largo de los últimos cuarenta años, más o menos, la potencia recreativa del cannabis ha aumentado de forma espectacular debido al deseo de cada vez más THC. A finales de la década de 1960, el cannabis callejero promedio tenía en torno al uno o tres por ciento de THC, ¡mientras que actualmente algunas variedades pueden tener el veinte por ciento o incluso más! Estas variedades «superpotentes» de alto contenido en THC suponen un riesgo adicional para ciertas personas con una sensibilidad genética al THC, sobre todo porque llevan poco CBD, que tiene un efecto atenuante de los efectos secundarios más embriagantes del THC. Por tal motivo, incluso en su uso terapéutico con receta, suele recomendarse empezar con una variedad de cannabis de bajo contenido en THC y con una buena cantidad de CBD. (Para un análisis completo de las precauciones respecto al cannabis, véase el capítulo 6.)

El THC se fija a receptores especiales del cerebro y el cuerpo, denominados receptores CB1 y receptores CB2, de los que se considera un agonista parcial (lo cual significa que los activa en parte). En concreto, la sensación de «subidón» deriva de los efectos del THC en el receptor CB1 en áreas cerebrales como los centros del placer, los centros del equilibrio y los centros de la memoria (hipocampo); por otro lado, en dosis bajas, amortigua la respuesta del miedo en la amígdala. Si la dosis es elevada, el THC puede provocar realmente ansiedad en ciertas personas (para más detalles, véase capítulo 9).

No obstante, es algo más que la sustancia química «del colocón», como pensábamos en otro tiempo. Ahora tenemos cada vez más pruebas de sus significativas propiedades médicas. Estas ya se habían identificado en la época antigua, como vimos en la cronología del capítulo 2, pero la ciencia moderna está por fin evidenciando tales efectos en animales y, desde hace muy poco, en seres humanos.

Entre las propiedades medicinales del THC se incluyen:

  • Alivio del dolor (analgésico)
  • Acción antiinflamatoria
  • Protección cerebral frente a las toxinas (neuroprotección)
  • Relajante muscular (antiespasmódico)
  • Efecto contra las náuseas
  • Estimulante del apetito
  • Ayuda en el TEPT (debilita la respuesta del miedo)
  • Mejora del sueño
  • Calmante/relajante (en dosis más pequeñas, normalmente con CBD)
  • Antioxidante
  • Efectos antitumorales (en algunos cánceres, hasta ahora principalmente en modelos animales; las investigaciones son prometedoras, pero es demasiado pronto para pasar a los seres humanos)
  • Reducción de la presión ocular en el glaucoma

CBD

El segundo cannabinoide más común de la planta (y el más común no intoxicante) es el cannabidiol, o CBD, para abreviar. Actúa sobre todo activando otros sistemas de neurotransmisores (mensajeros químicos) en el cerebro, el cuerpo y el sistema inmunitario. Esto conlleva intervenir en receptores de serotonina y de vaniloides, y seguramente de otras clases para cambiar mensajes químicos en el cerebro y el cuerpo, e influir en casi todo, desde el estrés a la inflamación pasando por la función inmunitaria.

Suelen preguntarme acerca de la posibilidad de volverte adicto al CBD o de tener síndrome de abstinencia si dejas de tomarlo. Me complace tranquilizarte y decirte que no hay riesgo. El CBD no es adictivo ni genera hábitos, y punto. Lo que sí observo que sucede de vez en cuando es que, si alguien deja su aceite CBD cuando se va unas semanas al extranjero (es peliagudo cruzar fronteras incluso con aceites CBD basados en el cáñamo, por lo que es mejor no viajar con él), puede que su ansiedad y otros síntomas (como la inflamación o el dolor articular) empeoren. Esto es solo un regreso al punto de partida y se debe a que esa persona no tiene en su sistema el CBD para tratar el problema de manera efectiva. Por lo que sabemos, el CBD no cura la ansiedad o el dolor para siempre, de modo que, si dejas de tomarlo, los síntomas suelen reaparecer. Dicho esto, algunas personas observan que necesitan menos dosis de mantenimiento de CBD para un problema como el estrés o la ansiedad una vez que han llegado a estar estables y a sentirse bien durante un periodo ininterrumpido de seis meses. Esto es especialmente así si el CBD les permite iniciar una práctica de meditación, dormir mejor y adoptar otros hábitos que eliminen del cerebro los patrones de ansiedad y dispongan nuevas redes cerebrales encima de las ansiosas de antes.

El CBD tiene un inmenso potencial terapéutico y una gran cantidad de propiedades medicinales a título propio. Como ejemplo, el fármaco cannabinoide Epidiolex es prácticamente CBD puro y está autorizado para tratar ciertas epilepsias infantiles. El enfoque basado solo en el CBD presenta algunas ventajas: es un medicamento aprobado, con licencia, al que tanto médicos como pacientes están acostumbrados; y debe atenerse a estándares de control de calidad tremendamente elevados. Sin embargo, el CBD parece funcionar mejor en algunos casos si se toma conjuntamente con una pequeña cantidad de THC, es decir, productos y aceites de cannabis médico con alto contenido en CBD, probablemente debido a la sinergia con otros cannabinoides. De todos modos, estos productos de amplio espectro son difíciles de estandarizar como fármaco universal, y en algunos lugares no son legales si contienen THC, aunque sea en una proporción minúscula (ahondo en esto más adelante).

Entre las propiedades médicas del CBD se incluyen:

  • Efectos antitumorales
  • Cualidades neuroprotectoras
  • Propiedades analgésicas
  • Ansiolítico y antidepresivo
  • Efectos antipsicóticos
  • Anticonvulsivo (utilizado para tratar espasmos)
  • Antioxidante
  • Contra las náuseas (en algunas personas funciona mejor con THC)
  • Efectos antiseborreicos y antiacné
  • Neutralización de la intoxicación por THC y sus efectos secundarios (muy útil cuando se receta cannabis médico a pacientes que quizá necesiten un poco de THC para síntomas graves, pero no quieren sentirse colocados).

Otros cannabinoides de interés

En la mayoría de las variedades de Cannabis sativa se observan otros cannabinoides en cantidades muy inferiores a las de CBD o THC. No obstante, se cultivan cada vez más variedades que presentan una mayor cantidad de ciertos cannabinoides menores por su potencial medicinal y relativo al bienestar. Es probable que en los próximos años tenga lugar un incremento de los productos terapéuticos y de bienestar derivados de estos cannabinoides, pensados a su vez para distintas enfermedades. Ahora mismo, las investigaciones se encuentran sobre todo en las fases animal y de tubo de ensayo, si bien están publicándose algunos estudios preliminares con seres humanos. En todo caso, los hallazgos iniciales son muy prometedores en relación con muchísimos problemas.

Los otros cannabinoides clave que hay que conocer son:

CBG

Es la forma no ácida de la madre de los cannabinoides, CBGA. En muchas variedades, no está presente en grandes cantidades, pero se han cultivado algunas de alto contenido en CBG para extraer este por su valor medicinal (reduciendo los enzimas que convierten el CBG en los otros cannabinoides). En Estados Unidos, Canadá y el Reino Unido, está empezando a venderse aceite CBG como suplemento de salud junto al aceite CBD, aunque de él se sabe mucho menos, en concreto sobre el modo de dosificarlo.

En modelos animales y en la placa de Petri se ha observado que el CBG tiene:

  • Efectos antitumorales (algunos tipos de cáncer cerebral, incluido el glioblastoma en seres humanos, así como cánceres de mama)
  • Propiedades antiinflamatorias
  • Propiedades antibacterianas
  • Antifúngico
  • Analgésico
  • Antidepresivo
  • Aplicación tópica efectiva para tratar la psoriasis

THCA

El THCA es el precursor ácido del THC, pero no provoca intoxicación. Se encuentra en la planta viva y es difícil de embotellar, pero la tecnología está mejorando, y yo ya he utilizado aceite THCA con algunos de mis pacientes junto con cannabis médico basado en CBD y THC. Entre sus propiedades medicinales están las siguientes:

  • Antiinflamatorio
  • Anticonvulsivo
  • Algunos efectos antitumorales (estudios in vitro y modelos animales)
  • Antiobesidad

CBDA

El CBDA es el precursor ácido del CBD; está presente en la planta viva, y en lo referente a embotellarlo también es menos estable que el CBD. En modelos animales, hasta ahora ha revelado propiedades medicinales, si bien todavía sabemos muy poco sobre sus efectos en los seres humanos. Entre las propiedades medicinales del CBDA se cuentan estas:

  • Eficaz contra las náuseas
  • Antiinflamatorias
  • Algunos efectos anticáncer (estudios in vitro y modelos animales)

CBN

El CBN es un componente menor del cannabis fresco; como es un producto de descomposición del THC, cuanto más vieja sea la medicina del cannabis, más THC puede convertirse en CBN. Como pasa con el THC, es capaz de provocar una ligera intoxicación, aunque menos, si bien al parecer es mucho más tranquilizante, por lo que acaso sea útil en productos de cannabis médico nocturno para descansar y dormir, así como para aliviar el dolor. Entre sus propiedades están las siguientes:

  • Sedante
  • Favorecedor del sueño
  • Antibacteriano
  • Analgésico
  • Antiinflamatorio
  • Anticonvulsivo
  • Aplicación tópica efectiva para la soriasis y las quemaduras

CBC (cannabicromeno)

Se trata de un cannabinoide menor del que sabemos menos debido a la falta de estudios con seres humanos, si bien hasta ahora las investigaciones con animales están revelando que seguramente también tiene valor medicinal. Tal vez no actúe de forma directa en los receptores cannabinoides, como el CBD, pero interviene de otras maneras en el cuerpo y el cerebro, razón por la cual juntarlo con otros cannabinoides puede ser más eficaz debido al efecto sinérgico. Entre sus propiedades están las siguientes:

  • Efectos anticancerígenos (estudios in vitro y modelos animales)
  • Antiinflamatorio
  • Analgésico por sí mismo, y capaz de aumentar los efectos analgésicos del THC cuando se combinan ambos

THCV

Algunas empresas farmacéuticas se han centrado en este cannabinoide menor debido a sus efectos en la obesidad (o sea, pérdida de peso) en animales, y acaso en seres humanos, aunque las investigaciones están en una fase muy temprana. No es intoxicante y en animales también parece tener otros efectos que podrían influir en enfermedades ligadas al envejecimiento cerebral, como la demencia. Entre algunas de sus propiedades medicinales contamos las siguientes:

  • Un efecto positivo en el crecimiento óseo
  • Quizá tenga algo que ver con la reducción de placas en la enfermedad de Alzheimer
  • Inhibidor del apetito
  • Antiobesidad
  • Antiinflamatorio
  • Analgésico

CBDV

El CBDV, fabricado por algunas variedades de cannabis, tampoco intoxica. Hasta ahora, parece muy prometedor en estudios animales y con tejidos humanos en la placa de Petri por su capacidad para ayudar a controlar las inflamaciones en las enfermedades inflamatorias intestinales. Algunas de sus propiedades medicinales son estas:

  • Anticonvulsivo
  • Antináusea
  • Puede reducir la inflamación intestinal

4 – Una historia de los terpenos

¿Te has preguntado alguna vez por qué una naranja fresca huele tan bien o por qué tu mejor amiga está obsesionada con la lavanda francesa? Los aromas maravillosos (y a veces muy penetrantes) derivan de un grupo de sustancias químicas que denominamos «terpenos»: aceites esenciales de todas las plantas, entre ellas el cannabis, que también están presentes en los árboles, las frutas, las flores, etcétera. La planta de cannabis contiene al menos ciento cuarenta (seguramente, casi doscientos) terpenos, en muchas combinaciones diferentes según la variedad, lo que genera olores que van desde el acre y terroso hasta el supercítrico y fresco. De todos modos, los terpenos no son solo «golosinas aromáticas» para los seres humanos; también ayudan a proteger la planta de los insectos y a atraer a los polinizadores. El tipo de terpenos que tenemos en una determinada variedad de cannabis depende de los genes de esta última, así como de las condiciones de cultivo, como el suelo y el tiempo (si crece al aire libre), pues las sustancias químicas de la planta se adaptan a distintos entornos para sobrevivir y prosperar.

BAÑO DE BOSQUE

En Japón, el «baño de bosque» en los pinares ha llegado a ser popular para combatir el estrés y levantar el ánimo. En los pinos, el terpeno dominante se llama «alfa-pineno», del cual sabemos que tiene propiedades antidepresivas. Las variedades de cannabis con alto contenido en alfa-pineno son aconsejables para levantar el ánimo decaído ¡y para reforzar la memoria!

Los terpenos se fabrican en los tricomas (glándulas resinosas), que ya vimos antes, junto con los cannabinoides. Como sucede con estos, las flores femeninas no fertilizadas presentan la concentración máxima de terpenos, razón por la cual las flores de cannabis tienen un olor más fuerte que las hojas.

Aunque nunca he sido fumadora de cannabis recreativo, me encanta el aroma de la planta de cannabis. Es uno de mis olores vegetales favoritos, y en Canadá, donde es legal, a veces lo utilizo como incienso para la meditación (en una habitación bien ventilada). Muchas culturas, incluida la antigua Babilonia, lo han usado así durante miles de años en ceremonias religiosas/espirituales.

Aunque los terpenos están presentes en los productos de CBD en concentraciones muy bajas, parecen tener un efecto en el cuerpo y en el cerebro. Los terpenos con niveles de solo el 0,05 % ya se consideran potencialmente significativos.17, 18 En estudios con animales, los terpenos modificaban la conducta de manera significativa incluso cuando su nivel en la sangre era muy bajo o casi indetectable.19 Como los terpenos son liposolubles, pueden cruzar la barrera hematoencefálica y afectar al cerebro directamente, sobre todo si los inhalamos con un vaporizador (por ejemplo, flor de CBD o cannabis médico), o si utilizamos una forma especial de absorción de cannabinoides, por ejemplo, mediante un parche transdérmico que permite su incorporación al torrente sanguíneo, no solo a la zona cutánea donde ha sido pegado. Por lo visto, comer o ingerir productos medicinales de cannabis o CBD con terpenos (p. ej., si usamos un aceite de cannabis o de CBD de amplio espectro) también influye en el intestino, en múltiples vías implicadas en la inflamación y la percepción del dolor. No obstante, como de momento los estudios con seres humanos aún son escasos, no sabemos exactamente cómo funciona. Ciertos terpenos de otras plantas, como el ginkgo, se toman por vía oral y se cree que además son biológicamente activos en el cerebro. Algunos tipos de terpenos (los monoterpenos) hacen también que el THC cruce la barrera hematoencefálica y actúe en el cerebro de un modo más efectivo.

Como los cannabinoides, los terpenos son lipofílicos (afinidad por las grasas), por lo que los medicamentos de cannabis y los aceites de CBD es mejor tomarlos con una comida de alto contenido en grasas, que contribuirá a absorberlos mejor, al menos en teoría. Un producto con una formulación de alta tecnología para intensificar la capacidad de absorción quizá reduzca la dosis necesaria para conseguir un efecto, ¡pero ten en cuenta que cada persona muestra una reacción ligeramente distinta!
Además de crear el olor del cannabis, la combinación única de los principales terpenos junto con la proporción CBD/THC aúnan esfuerzos para ayudar a generar los diferentes efectos (específicos de la variedad) del cannabis.

El proceso de fabricación de aceites de cannabis terapéutico y CBD de amplio espectro mediante el método más habitual, conocido como «extracción del CO2», puede dañar los terpenos (a menos que se emplee un equipo especializado) en diversos grados; por otro lado, es difícil evaluar la cantidad exacta presente en el producto final, si bien algunos quizá permanezcan, o incluso se pueden añadir, a no ser que el producto esté etiquetado como «CBD aislado».

En mi opinión, los productos de CBD para el bienestar seguramente presentan la efectividad máxima cuando son de espectro completo (cuando el THC no está permitido, es mejor el CBD de amplio espectro, que elimina el THC pero intenta retener los otros cannabinoides), incluidos los terpenos u otros cannabinoides menores, más que en la forma de productos de CBD aislados, que, por mi experiencia, suelen ser menos efectivos y por tanto parecen necesitar dosis más elevadas. El CBD aislado es mucho más barato que el CBD de espectro completo o amplio, motivo importante por el que se suele usar en productos de bienestar y etiquetar furtivamente como «puro» para que a los consumidores les suene mejor.

Hagamos un recorrido por los terpenos más comunes e interesantes para fines medicinales y que proporcionan bienestar. No es ni mucho menos una lista exhaustiva, sino que he seleccionado aquellos de los que hasta la fecha más sabemos en relación con sus superpoderes para el bienestar.

MIRCENO

El mirceno es uno de los terpenos más comunes en la planta de cannabis.

Las primeras variedades de cannabis médico con alto contenido en CBD, empleadas para fabricar aceite de CBD de espectro completo, tenían mucho mirceno, lo que al parecer ha proporcionado a estas variedades un efecto calmante y sedante. El CBD por sí solo no es necesariamente sedante (aunque para muchas personas con ansiedad funciona como calmante), pero combinado con el mirceno puede resultar muy relajante, ¡casi demasiado si se consume durante el día! Algunos pacientes que han utilizado cannabis terapéutico y clientes que han consumido productos de CBD para el bienestar me han comentado que su aceite, en dosis elevadas, les dejaba soñolientos; pero, claro, estaban tomando un producto rico en mirceno.

  • Punto de ebullición para la vaporización: 168 ºC (334 ºF).**
  • Aromas: lúpulo, almizcle, clavo, hierbas, cítricos.
  • Efectos: sedante, relajante, puede potenciar los efectos del THC.
  • También presente en: lúpulo, eucalipto, mango, tomillo, cítricos, citronela, hojas de laurel.
  • Efectos medicinales: antiséptico, analgésico, hepatoprotector (evita daño en el hígado), antibacteriano, antifúngico, antiinflamatorio; puede ser gastroprotector (contra las úlceras de estómago).

BETA-CARIOFILENO

Este es uno de mis terpenos favoritos para síntomas que tengan un componente inflamatorio, como la artritis, y también en los dolores de cabeza. Asimismo, contiene mucho terpeno de este tipo la albahaca tai, o albahaca santa (otra de mis hierbas preferidas para el bienestar y para combatir la inflamación y el estrés).

  • Punto de ebullición para la vaporización: 160 ºC (320 ºF).
  • Aromas: pimienta, picante, madera.
  • Efectos: puede actuar junto al THC para proteger la mucosa estomacal y junto al CBD para aumentar los efectos antiinflamatorios.
  • También presente en: pimienta, canela, clavo, lúpulo, albahaca, orégano.
  • Efectos medicinales: antiinflamatorio, analgésico, antibacteriano, antifúngico, antitumoral, protector renal (nefroprotector).

LINALOL

Este terpeno es también el que proporciona a la lavanda su fantástico aroma. Se usa como ingrediente en productos para alivio tópico del dolor.

  • Punto de ebullición para la vaporización: 198 ºC (388 ºF).
  • Aromas: flores, cítricos, especias.
  • Efectos: sedante, calmante, equilibrante de los estados de ánimo.
  • También presente en: lavanda, cítricos, laurel, abedul, palisandro.
  • Efectos medicinales: propiedades anestésicas locales (bálsamo de aplicación tópica para el dolor), ayuda para dormir, antidepresivo, ansiolítico, propiedades inmunorreguladoras, analgésico, anticonvulsivo, antiacné.

PINENO

El pineno es un terpeno realmente prometedor que atraviesa con facilidad la barrera hematoencefálica para impactar directamente en el sistema nervioso. Además de sus acciones antiinflamatoria y antimicrobiana, tiene, como muchos otros terpenos, una habilidad especial para frenar los deterioros de la memoria a corto plazo debidos al THC. Curiosamente, el THC y el pineno muestran conjuntamente cierta efectividad en el tratamiento de la demencia y el alzhéimer.

  • Punto de ebullición para la vaporización: 155 ºC (311 ºF).
  • Aromas: penetrante, dulce, pino.
  • Efectos: intensifica la retención de memoria y la agudeza mental.
  • Se observa también en: agujas de pino, coníferas, salvia.
  • Efectos medicinales: antiinflamatorio, antibiótico, antiviral, antitumoral, amortigua los efectos del THC en la memoria a corto plazo, para el asma (broncodilatador).

HUMULENO

El humuleno reduce el apetito, mientras muchas variedades de alto contenido en THC tienden a estimularlo. Las variedades con más proporción de humuleno quizás ayuden a evitar los «antojos», o aumentos del apetito, cuando, por ejemplo, se utilizan para tratar afecciones de dolor crónico con cannabis terapéutico.

  • Punto de ebullición para la vaporización: 198 ºC (388 ºF).
  • Aromas: leñoso, terroso.
  • Efectos: suprime el apetito.
  • Se presenta también en: lúpulo, cilantro.
  • Efectos medicinales: antiinflamatorio, antibacteriano, analgésico.

D-LIMONENO

Se sabe que el D-limoneno mejora el estado de ánimo, por lo que las variedades que lo contienen en una proporción elevada son buenas para la depresión y el estado anímico bajo.

  • Punto de ebullición para la vaporización: 176 ºC (349 ºF).
  • Aromas: cítricos, limón, naranja.
  • Efectos: eleva el estado de ánimo, alivia el estrés.
  • También se observa en: corteza de los cítricos, enebro, menta.
  • Efectos medicinales: antidepresivo, ansiolítico, alivio del reflujo gástrico, antifúngico.

Flavonoides

Los flavonoides son las sustancias químicas vegetales que dan al cannabis y otras plantas su color, aunque también tienen propiedades medicinales para los seres humanos, donde actúan igual que en las plantas: protegiendo contra la luz ultravioleta y diversas enfermedades. Por ejemplo, la queratina es un flavonoide amarillo de los más importantes del cannabis, también presente en los tomates, el vino tinto y muchas bayas. In vitro y en modelos animales, se ha observado que presenta propiedades anticancerígenas, antioxidantes y antivirales. Hay otros flavonoides que son exclusivos de la planta de cannabis, como el cannaflavin A, que es un antiinflamatorio fuerte.

El efecto séquito: sinergia de terapias con plantas medicinales en su máxima expresión

El efecto séquito es un concepto muy consolidado en medicina botánica. Cuando las sustancias químicas de las plantas se combinan (como sucede de forma natural en la planta), actúan conjuntamente para provocar un efecto terapéutico que es superior a la suma de sus partes. Esta fue una de las primeras cosas que aprendí cuando estudiaba cómo combinar medicamentos herbarios para conseguir efectos más potentes (mucho antes de que estuviera yo recetando cannabis y CBS). No apreciamos este efecto solo en el cannabis, sino en todas las medicinas vegetales. Asimismo es el modo en que funcionan las hierbas de la medicina tradicional china (MTC), y el motivo de que sea difícil convertirlas en fármacos de un solo ingrediente, algo que se ha intentado una y otra vez en China sin éxito. Sin embargo, el cannabis, como planta individual, es una central eléctrica total y, en realidad, sí se diferencia de otras medicinas herbarias.

Por ejemplo, por sí mismo, el CBD es una buena sustancia anticonvulsiva; por otra parte, es el principal ingrediente del fármaco Epidiolex, autorizado para el tratamiento de algunas formas de epilepsia infantil. Aproximadamente, la mitad de los niños a los que se les da Epidiolex experimentan una reducción del cincuenta por ciento en sus convulsiones. No obstante, algunos dejan de reaccionar al medicamento, o simplemente este no les resulta muy efectivo. Sin embargo, si se les administra aceite de cannabis de extracto y alto contenido en CBD con pequeñas cantidades de THC y THCA, su respuesta vuelve a mejorar: en algunos de estos casos clínicos, la combinación funciona mejor que el CBD por sí solo.

También observo esto en muchos pacientes míos que han acudido a mi consulta tras no responder a alguno de estos medicamentos sintéticos de THC (p. ej., nabilona, dronabidol), o que están sufriendo muchos efectos secundarios por su causa. Cuando empezamos a utilizar aceite de cannabis de espectro completo que aún contiene THC (con receta), los síntomas mejoran casi de forma general en cuanto encontramos la variedad o el producto adecuados; por otra parte, los pacientes no suelen sufrir efectos secundarios significativos, caso de experimentar alguno. A menudo se muestran reacios a volver a probar cualquier medicamento de cannabis después de su experiencia negativa con las pastillas de THC, pero yo les explico que cuando aíslas la sustancia más potencialmente intoxicante de la planta y la metes en una pastilla sin otras sustancias vegetales que la amortigüen y trabajen con ella, puede provocar una mayor incidencia de efectos secundarios, a la vez que no influye tan bien en los síntomas (por lo general, dolor crónico o náuseas debidas a tratamientos del cáncer) para los que se pensó.

Raíces del cannabis: una nueva frontera

Aunque las raíces de la planta de cannabis no tienen cannabinoides (es decir, no se pueden emplear las raíces para obtener CBD o THC), quizá sí tengan algunos secretos propios. Tradicionalmente, se han usado en el tratamiento de la gota. Según recientes investigaciones, estas raíces contienen muchas sustancias no intoxicantes y potencialmente útiles:24 los terpenoides, los esteroles y otras sustancias antiinflamatorias. ¡El siguiente objetivo importante podría ser la búsqueda de usos para esas raíces!


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