Carteles vintage contra la marihuana, con algo de historia

Carteles vintage contra la marihuana, con algo de historia

Aunque el cáñamo fue cultivado como fibra por los primeros colonos estadounidenses, y el cannabis se utilizó como ingrediente en las medicina a lo largo del siglo XIX, el consumo de cannabis recreativo adquirió una connotación negativa en la cultura estadounidense cuando la gente comenzó a asociarla con los inmigrantes mexicanos que llegaron al país después de la revolución de 1910, después de las escaramuzas entre el ejército del General Pershing y Pancho Villa en los estados fronterizos.

Años más tarde la contratación de mexicanos como mano de obra barata por parte de grandes explotaciones agropecuarias terminó en conflictos con explotaciones de menor tamaño, … xenofobia, proteccionismo, lo que ahora sería “Trumb” , y con la llegada de la Gran Depresión (1929), la situación se complicó seriamente.

La inmigración mexicana trajo consigo la costumbre de fumar cannabis, algo que terminó relacionándose con conductas inapropiadas e incluso delictivas, y al parecer, este fue uno de los motivos por los que California aplicó su primera ley prohibicionista añadiendo la marihuana a la Poison Act en 1913 e ilegalizando así “preparaciones de marihuana o hierba loca”.

Pronto los investigadores afirmaron vínculos infundados entre el uso de la marihuana y el comportamiento antisocial, el crimen, el asesinato y la locura. Uno por uno, los estados fueron aprobando leyes que proscribían su consumo.

En 1936 se estrenó la película Reefer Madness… originalmente concebida como una especie de documental para advertir a los padres contra los peligros del cannabis, se convirtió en un melodrama espeluznante acerca de un grupo de adolescentes drogadictos, interpretados por actores desconocidos que tratan de mostrar lo que sucede cuando un estudiante de secundaria prueba la marihuana: un accidente de coche, un asesinato, una violación, todo en medio de alucinaciones y un descenso al abismo de la locura que termina en suicidio.

A pesar de que Reefer Madness fue la más famosa de las películas anti-marihuana, pronto hubo muchas imitadoras, como “Assassin of Youth”, donde dos primas adolescentes se enfrentan por una cuantiosa herencia, y no reparan en medios (drogas, prostitución y nudismo) para conseguirla. Una valiente reportera toma cartas en el asunto y se sumerge en el submundo de los fumadores de marihuana… o “Marihuana”, donde una joven inocente empieza fumando marihuana y termina adicta a la heroína y planeando un secuestro, todo por una sola calada.

Esta histeria anti-marihuana fue, al menos en parte, producto de la campaña “Call to Arms/ Llamada a las armas” llevada a cabo por la FBN (Federal Bureau of Narcotics/ Oficina Federal de Narcóticos) dirigida por Harry J. Anslinger en 1930.

Anslinger era una persona muy ambiciosa que intuyó las grandes posibilidades de hacer carrera en el FBN y se fijó como objetivo la ilegalización del cannabis. Fue así como inició su campaña contra la marihuana,  mediante publicidad sensacionalista que promovía el miedo, el racismo y asociaban la marihuana a conductas criminales.

Harry J.Anslinger consiguió la estimable y poderosa ayuda de William Randolf Hearst, dueño de un emporio económico que incluía una gran cadena de periódicos y que tenía poderosos motivos para apoyar la prohibición del cannabis (en la revolución, Pancho Villa se quedó con parte de sus tierras, contactos con empresas tabaqueras…), por lo que utilizó sus periódicos como altavoz de las tesis más amarillistas, creando lo que hoy se conoce como “alarma social”.

El uso estratégico de los medios de comunicación y los titulares sensacionalistas, consiguieron que la propaganda anti-marihuana se extendiera de costa a costa. Sólo se intensificó a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, cuando Richard Nixon declaró formalmente la guerra contra las drogas en 1971, gastándose alrededor de 1 billón de dólares, de los de antes, en combatir el narcotráfico.

Todos estos intentos por satanizar la marihuana, se plasmaron en numerosos carteles de películas, publicidad, folletos, libros, etc, que forman parte de la historia… esperemos que sea pasada.